Organizaciones de la sociedad civil

La participación de los grupos relevantes de la sociedad civil es fundamental para la noción misma de de diálogo sobre políticas, no sólo por convicciones democráticas, sino también por motivos de rendimiento o eficacia, ya que cuanto más amplia sea la base de apoyo de una determinada reforma más mayor es su probabilidad de resultar sostenibles y de no ser impugnada. A raíz del impulso que cobró la sociedad civil tras el final de la Guerra Fría y la caída del Muro de Berlín, un momento histórico en el que desempeñó un papel decisivo, los donantes han venido promoviendo a las OSC de diferentes maneras, ya fuese como socios en la promoción del desarrollo y la provisión de servicios básicos o como supervisores de la actuación de los gobiernos para velar por el respeto de los derechos humanos o garantizar la efectividad de los derechos, especialmente en el marco de las políticas en favor de los pobres.

Sin embargo, esta época dorada de la sociedad civil empieza a ser cosa del pasado. De forma paralela a una preocupante tendencia de regresión democrática que viene afectando a todas las regiones del planeta, el número de gobiernos que están restringiendo cada vez más el margen de maniobra de las OSC no ha dejado de crecer en los últimos años, ejerciendo cada vez más presión sobre la sociedad civil, acosando a muchas organizaciones críticas y llegando a poner en tela de juicio su legitimidad. De hecho, los gobiernos hostiles a los grupos cívicos independientes se han convertido en expertos en sembrar dudas entre la opinión pública sobre las supuestas agendas ocultas y fuentes de financiación opacas de aquellas organizaciones que no suscriben el discurso oficial. Aprovechando el resurgimiento del nacionalismo y el énfasis renovado en los valores tradicionales que ha provocado el vértigo a la globalización, los gobiernos más populistas lo tienen fácil a la hora de desacreditar a las organizaciones de la sociedad civil por su referencia al marco internacional de derechos humanos, así como por las contribuciones que reciben de socios financieros internacionales. Por ello, uno de los principales retos de los donantes en este ámbito ha sido encontrar las OSC "adecuadas", es decir, identificar aquellas que realmente representan a determinados segmentos de la población y rinden cuentas ante ellos, y no sólo ante quienes las financian, pues con cierta frecuencia algunas OSC locales y movimientos de base son manipulados para aprobar decisiones tomadas de antemano.

A la luz de estos desafíos, es más importante que nunca que los donantes que quieran apoyar un diálogo sobre políticas públicas realmente inclusivo busquen más allá de los “sospechosos habituales” e involucren a OSC que no necesariamente siguen a pies juntillas la agenda internacional; en particular, deben confiar en el conocimiento local del anfitrión del diálogo para involucrar a organizaciones y grupos que posean una sólida experiencia temática en el área de la política pública bajo discusión y/o que estén presentes fuera de las capitales y las grandes ciudades, en áreas que a menudo son ignoradas tanto por los gobiernos como por los donantes internacionales. Por todo ello, el mayor reto para los facilitadores del diálogo es precisamente identificar a las organizaciones e individuos que pueden hablar en nombre de aquellos grupos o circunscripciones que se verán más afectados por el cambio en la política pública, aunque estas no siempre sean las organizaciones más conocidas. De hecho, tomarse el tiempo y el esfuerzo de identificarlas e involucrarlas en el diálogo es crucial para lograr reformas que conduzcan a políticas más inclusivas, además de un estilo de elaboración de políticas y de gobernanza general también más inclusivo.

A la hora de identificar a los actores clave de la sociedad civil, lo ideal sería que el anfitrión del diálogo se esforzara por incluir a los actores que entiendan tanto de los mecanismos de formulación de las políticas públicas como de las cuestiones técnicas que se pretende abordar. A este respecto, un problema habitual consiste en que las OSC, por familiarizadas que estén con los problemas sociales que se quiere atajar, suelen disponer de una comprensión bastante limitada de los entresijos de la burocracia y de los complejos equilibrios que tanto afectan los procesos de elaboración de cualquier política pública. Teniendo en cuenta que no todas las OSC que se sientan a la mesa de diálogo tienen una comprensión clara del proceso político, el enfoque INSPIRED presta suma importancia a la capacitación de estos actores con el fin de que alcancen analizar los problemas sociales observándolos a través de una lente de políticas públicas y desde la perspectiva de la administración pública. Este puede ser incluso el caso de los anfitriones del diálogo que, como Tegsh Niigem en Mongolia, estaba muy especializado en la lucha por los derechos de las personas con discapacidad, pero carecía de los marcos teóricos y las herramientas prácticas para llevar a cabo el trabajo político, todo un conjunto de habilidades que la organización adquirió a través de INSPIRED y luego integró plenamente en su modus operandi.

Sin embargo, no es necesario que todas las OSC se conviertan en expertos en políticas para que el proceso de diálogo tenga éxito: Por el contrario, la diversidad de métodos, misiones y mandatos entre las partes implicadas debe ser reconocida y aceptada como una ventaja u oportunidad que permite estructurar mejor su participación y aprovechar su especialización con vistas a optimizar el impacto final del trabajo colectivo. Mientras que algunos actores pueden contribuir a través de la promoción y defensa de derechos, la presión pública o el monitoreo, otros pueden aportar sus capacidades de diseminación o de sensibilización o por medio de la prestación de servicios.

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